LA NUEVA VERSIÓN “EN LENGUAJE ACTUAL” Y LA CORRIENTE DE INTERPRETACIÓN MODERNA

Es bien sabido que en la traducción de una lengua original a otra no se puede trasladar literalmente, palabra por palabra, del idioma original al idioma receptor; por esta razón, para lograr la totalidad del significado original, en ocasiones se agregan expresiones para clarificar la idea.

 

En la versión llamada “Biblia En Lenguaje Actual” del año 2002 notamos que, en varios casos el texto traducido, en vez de estar expandido, ha sido contraído o reducido.

 

Un ejemplo: en Nahum capítulo 2 y versículo 2 dice -en el idioma original Hebreo- que será restaurada tanto la gloria de Judá (Jacob, comparar Isaías  43.1), como la gloria de Israel, en un futuro que todavía esperamos, pero que ya atisbamos; porque en todo el mundo los hebreos, esparcidos, y  mezcladas sus doce tribus, son conocidos como Judíos; pero la nación restaurada es conocida como Israel. De esta manera, Dios ha honrado la memoria de ambos reinos.

 

Sin embargo, cuando leemos en “Biblia para todos – Traducción en Lenguaje Actual” encontramos que “Dios le devolverá su grandeza al reino de Israel”.

 

Al reino de Judá, ¿no le devolverá el Señor su grandeza también?

 

Cuando Nahum escribió esta profecía hacía ya más de doscientos años que el cisma se había producido y el reino del norte -Israel – había sido deportado. En  tanto que el reino del sur -Judá- habiendo soportado el asedio de Senaquerib, estaba en decadencia y sufriría el exilio años después.

 

Así que, Nahum tenía muy presente esta realidad cuando, inspirado por Dios, dejó por escrito su profecía.

 

Cuando leemos en La Palabra de Dios que no debemos añadir ni quitar a lo ya escrito esto no se refiere a las expresiones técnicas -por decirlo así-que agrega o suprime el traductor, sino a quitar o añadir pensamientos, intenciones y propósitos de la lengua de origen.

 

Una fiel traducción consiste en trasladar sin distorsiones el significado de la lengua original, al idioma traducido.

 

Lo que se transmite en este proceso es el significado, que debe mantenerse tal cual el propósito inicial. Lo único que cambia, lógicamente, es la forma.

 

Pero claro, como la intención actual es eliminar todo significado que podríamos denominar ‘sobrenatural’ (por no encontrar otra expresión más adecuada) y dejar solamente el significado natural, humano; se elimina sistemáticamente entonces, todo aquello que pudiera interpretarse como verdadera intervención divina.

 

Lo sobrenatural que quedaría en algunos textos es aquello que el lector deduce como el elemento clave de la tradición; legendario, mitológico, la leyenda que nadie cree pero que es el relleno y, por lo tanto, sazona la fe.

 

Por ejemplo, el relato de la creación sería un mito proveniente de la tradición oral; esto incluye la creación del primer  hombre y de la primera mujer, los cuales provendrían, posiblemente, de simios que evolucionaron.

 

Asimismo, con relación al Diluvio y al arca que construyó  Noé (‘si alguna vez fue construida’); probablemente -afirman- fue una inundación local.

 

El cruce del Mar Rojo podría ser en realidad, el cruce de una laguna de poca profundidad llena de juncos, entre los cuales se trabaron las ruedas de los carros egipcios. La mención de los muros de agua a la derecha y a la izquierda sería una exageración producida por la euforia, en los cánticos de Moisés y de María.

 

De igual modo se interpreta el Nuevo Testamento: “La visión del mundo de los autores…del Nuevo Testamento, no tiene ya validez…sostener ahora su veracidad parece ridículo… ¿Y qué podría perder el mensaje de Jesús, como el Señor viviente, que ascendió a Dios y participa en la dirección del mundo, si no interpretamos el relato de la Ascensión del Señor en un sentido físico? ¡Nada! ¡Mi fe en Jesús no se altera en lo más mínimo!” (Martin Niemöller, Zeichen der Zeit 14/4, 1964; 149-152, citado en El pentecostalismo, La Biblia – Santa Letra, Capítulo 17, pág. 291).

 

Dos ejemplos más y finalizamos:

Miqueas 5.2: “En ti nacerá un rey de familia muy antigua, que gobernará sobre Judá” (Versión en Lenguaje Actual 2002 – aquí finaliza el versículo).                                                                                       

 

Es interesante notar que otra versión (1995) de las mismas Sociedades Bíblicas Unidas traducía siete años antes el mismo versículo: “De ti ha de salir el que será Señor en Israel; sus orígenes se remontan al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad” (Edición de Estudio 1995 – recién aquí finaliza el versículo). Aparte de quitar, reducir o contraer el versículo, lo que deja de él no permite ver más allá; es decir, la profecía concerniente al Mesías.

 

Increíblemente, en las notas de la versión 1995 dice que este versículo “Probablemente se refiere al rey David y a su dinastía. David, que procedía de Belén, recibió un mensaje de Dios por medio del profeta Natán, en el que se le anunciaba que su dinastía y su trono quedarían establecidos para siempre”.                                                 

 

¡Pero este versículo no habla del fin o destino del reinado, sino del origen, que es desde el principio, desde los días de la eternidad! Y el único que viene desde la Eternidad es el Mesías. 

 

Como hemos dicho más arriba: todo elemento de tipo sobrenatural  es eliminado, quedando solamente la lectura natural, humana, sin la intervención divina.

1º Juan 5.6-8: la tarea del traductor es trasladar lo que dice el texto original y no la interpretación teológica de lo que escribió el autor inspirado.                                                                                                                       

 

Pareciera que los traductores han recibido instrucciones de una nueva función: dar la interpretación o hermenéutica del texto. ¡Muchas gracias! Pero, ¿de qué se ocupará el Espíritu Santo, de ahora en más? (Juan 14.26 y 16.13). No me estoy refiriendo a que si hay alguna frase agregada en este pasaje; eso es tema de otro análisis.

 

Desde que soy adolescente, cuando leíamos este pasaje, interpretábamos que el agua se refiere a La Palabra de Dios; podíamos estar equivocados, pero era una opinión que todos respetaban. Ahora, los señores traductores me afirman rotundamente: “Jesucristo fue bautizado en agua… el agua del bautismo (vs. 6 y 8).

 

Es notable leer en la Edición de Estudio 1995, referente al versículo 6:Probable alusión al bautismo de Jesús”. Así que, lo probable pasa a integrar -siete años después- el texto inspirado divinamente.

 

Eso sí, faltaría averiguar si ellos -los que han confeccionado esta ‘versión’- creen verdaderamente que La Palabra de Dios ha sido inspirada por el Espíritu Santo; porque sólo así se explicaría esta inclusión en el texto sagrado.

 

Nota: Se han subrayado y destacado en negritas algunas palabras, con el único fin de resaltarlas; circunstancia que no figura en el escrito original.-

 

 

 

 

 

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